Volcán del Teide en Tenerife

La joya de la corona de la isla

El techo de Tenerife, de Canarias, de España…

El Volcán del Teide es la montaña más alta de España y además, es un volcán. ¡Pero es mucho más que eso! Es una referencia geográfica, natural, paisajística, histórica y cultural de primer orden y de rango mundial. 

Parte integrante de la identidad tinerfeña (y canaria) desde el tiempo de los guanches, el volcán del Teide es el epicentro de la isla en muchos sentidos. Cuando fue declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco en 2007 contaba ya con más de medio siglo de protección como Parque Nacional por la riqueza y peculiaridad de su geomorfología y sus ecosistemas. 

El vulcanismo del Teide ha sido complejo, y el resultado, único.

Los volcanes son siempre lugares especiales, y el Teide no escapa a la norma, sino que hace gala de ello. En su documento de identidad figura como un estratovolcán de tipo vesubiano, inactivo (desde 1798) aparte de alguna fumarola ocasional. Su carácter insular ha generado ecosistemas muy peculiares por encima de la línea de árboles: el retamar de cumbre y el ecosistema de pico. 

Además, atesora una rica historia, desde la leyenda guanche que lo bautiza como la prisión del malvado Guayota (lo atestiguan numerosos sitios arqueológicos) hasta las pruebas científicas que lo consideran similar a Marte, pasando por numerosos usos tradicionales: pastoreo, agricultura, neveros, extracción de piedra pómez… El volcán Teide es el corazón de Tenerife. 

Un lugar que son muchos

El Teide y el Parque que lo protege baten todo tipo de récords. Es el pico más alto de España y del Atlántico; el punto con más horas de sol y con la menor temperatura media de España; el tercer volcán de base sumergida del mundo; el parque nacional más visitado de Europa y el segundo destino turístico volcánico del planeta; ¿seguimos…? 

Cuando hablamos del volcán del Teide en realidad solemos referirnos a un espacio muy amplio y diverso, que en realidad engloba parajes muy diversos: el Pico Viejo, el Llano Ucanca, las Siete Cañadas, los Roques de García, La Fortaleza, el Alto de Guajara, las Narices del Teide, la Boca de Tauce… Su accidentada vida geológica ha generado fenómenos y manifestaciones muy diferentes entre sí. 

Son casi 20.000 hectáreas siempre por encima de 1650 metros de altitud, en torno a una gran caldera doble de unos 17 kilómetros de diámetro con los Roques como división de referencia. El colorido de la vegetación sorprende a los extraños. Su gran riqueza faunística son los invertebrados, con más de 1400 especies presentes, muchas de ellas endémicas. 

Entre muchos otros servicios (como el popular teleférico, diversos accesos, numerosos miradores, tres centros de visitantes y un refugio de montaña), el parque cuenta con dos espacios muy interesantes: El Jardín de Flora Autóctona Juan Acosta y el Museo Etnográfico Juan Évora, donde podemos profundizar en la botánica y la herencia cultural del territorio. 

Un sitio, cien razones para venir

Una visita al Parque Nacional del Teide se justifica por sí sola, pero los motivos para venir son muchos y variados. Puedes ser un gran aficionado al senderismo y al deporte de naturaleza, querer encontrarte con paisajes y especies únicas o andar a la caza de las mejores instantáneas de astrofotografía. 

En el Parque Nacional es posible realizar numerosas rutas y recorridos distintos, tanto en vehículo de motor como en bicicleta o a pie. Aunque puede atravesarse en coche, sus 41 rutas y recorridos a pie son la mejor forma de aproximarse al parque. También existen lugares aptos para la escalada deportiva. 

El volcán del Teide ofrece sus encantos a los que lo recorren con calma: formaciones geológicas realmente impactantes (coladas basálticas muy evolucionadas, coloraciones que cambian en función de la luz), una flora muy característica (la retama endémica, los tajinastes, la pajonera…) y una fauna única sobre todo en cuanto a artrópodos se refiere (aparte de algunos lagartos y murciélagos). 

Y por la noche… Por la noche, el Teide revela su verdadera grandeza. Si bien Canarias es uno de los rincones con mejor reputación del mundo para la observación astronómica, el Teide es uno de los más privilegiados. Los aficionados a observar y fotografiar las estrellas disfrutan al máximo los cielos más despejados y cercanos que cabe imaginar 

“[…] por la nieve que suele platear la cumbre altísima del sacro monte Teide, excelso Atlante, […] el nombre digno de Tenerife entonces le pusieron”

Imposible verlo todo

Desde lo alto del monte Teide Tenerife parece desplegarse a sus pies como una alfombra de diversos colores y texturas, parcialmente cubierta por las nubes y las brumas, que se hunde en el brillante y profundo mar que la rodea. Se entiende en ese momento la grandeza del espectáculo que sobrecoge a quien lo contempla… 

Esa y muchas otras experiencias aguardan al visitante que se aventure en los caminos del volcán del Teide. La inmensa paleta de colores, el aroma limpio de la montaña, los tenues ruidos… aquí, los sentidos se colman de vivencias inéditas, de esas que siempre se recuerdan, pero no es fácil volver a vivir. 

Entre los abundantes y poderosos atractivos de Tenerife, el volcán del Teide es considerado con toda justicia como el rey. Pasar de la suave calidez de las playas a la aridez extrema de la cumbre, de los paisajes verdes del litoral a las épicas composiciones de las rocas volcánicas es algo que no tiene precio. 

Ya lo sabes, cuando vengas a Tenerife reserva una parte de tu tiempo para adentrarte en el Parque Nacional del Teide, para encontrarte cara a cara con un verdadero monumento natural de talla mundial. No te arrepentirás. Y seguramente volverás a la isla, y volverás al Teide, siempre que puedas…